Los serafines son considerados una de las órdenes más elevadas de ángeles en la jerarquía celestial. Su nombre se deriva del hebreo "seraphim", que significa "quemado" o "ardiente". En la teología cristiana, se les describe como seres celestiales con seis alas, que rodean el trono de Dios y cantan su alabanza.

 

En la Biblia, se menciona a los serafines en el libro de Isaías, donde se describe una visión del profeta en la que los serafines cantan "Santo, santo, santo, es el Señor de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria". Esta visión ha llevado a muchos a considerar a los serafines como los ángeles más cercanos a Dios, y su presencia se asocia con la gloria divina.

 

Se cree que los serafines son los ángeles más cercanos a Dios en la jerarquía celestial, y que su papel es el de adorar y alabar al Señor. A menudo se los representa en el arte religioso con seis alas, dos para cubrir sus rostros, dos para cubrir sus pies y dos para volar.

 


Además de su papel en la adoración divina, los serafines también se consideran los guardianes de la ley divina y de la justicia. Según algunas tradiciones, los serafines son responsables de mantener la paz y el orden en el universo, y de mantener la armonía entre todas las criaturas de Dios.

 

Aunque los serafines son a menudo descritos como seres temibles y poderosos debido a su cercanía a Dios, también se dice que son amorosos y misericordiosos. Se cree que pueden ayudar a las personas en momentos de necesidad, ofreciendo guía y protección divina.

 

En resumen, los serafines son considerados una de las órdenes más elevadas de ángeles en la jerarquía celestial, y se les describe como seres celestiales con seis alas que rodean el trono de Dios. Su papel es el de adorar y alabar al Señor, y también se consideran los guardianes de la ley divina y la justicia. Se cree que pueden ofrecer guía y protección divina a las personas en momentos de necesidad.